top of page

DeCarne - La receta ganadora

  • gx3bruselas
  • Jan 1, 2021
  • 10 min read

EN UNA MAÑANA DE REVISIÓN DE GANADO SUPIMOS CÓMO EMPEZÓ LA HISTORIA DEL GANADO “TIPO BRUSELAS”, DE BOCA DE LOS ACTORES DETRÁS DEL PROYECTO.

María Cristina Sáenz

Sin haber comprado ejemplares élite, más bien adquiriendo animales de deshecho de otras ganaderías, a pulso y con paciencia, buen ojo y sólidas bases de conocimiento de las líneas genéticas, Santiago Vélez Garcés construyó una ganadería que es hoy referente en el mundo Brahman colombiano: GX3Bruselas.

Retirado del día a día de la finca, su hijo Juan Santiago orienta las decisiones con la certera guía de Juan Rueda, el asesor en genética que ha acompañado y ayudado a sentar bases y fortalecer este “ganado ideal y ganador” durante más de 30 años; y que ha irradiado toros de potrero a todo el país, y en menor porcentaje en cuanto a ejemplares mas no en cuanto a figuración, se ha lucido en las pistas, producidos en ese pie de monte llanero que a veces es muy seco, a veces muy húmedo y anegado.

El espulgue

Día de revisión, no de chequeo; propietario y asesor seleccionan el ganado que va pasando por el corral; analizan cada ternero desteto y cada vaca recién parida; si ella está produciendo buena leche; revisan si son de toros de la hacienda, si una hembra necesita purga –“porque está como achilada”–; miran la cabeza y el ojo dibujado; de dos hermanas –largas ambas– señalan una que “va a ser extraordinaria”; si la vaca es femenina y funcional; si la ternerita viene de familia de reinas, que la mamá fue gran campeona de Bogotá y la hermana, gran campeona nacional; que un tío, gran campeón, y la abuela no fue una vaca especial pero sacó dos vacas extraordinarias, que las tías dejaron tres vacotas; si el torete es compacto o largo –“la longitud le quita grasa”–; si la expresión de músculo es adecuada; si tiene mejor orientación para ganado comercial bueno; si es la primera cría de un toro nuevo…

Juan pregunta a los operarios, “usted qué opina”, porque trabaja en equipo con ellos y aprecia su concepto; casi en simultáneo dice “¿el ternero se puso feo?”, “a esa vaca se le murió la cría”, “necesitamos mejorar un poquito la línea dorsal”, “tiene mejor fenotipo que el papá”, “va a ser muy ancho”, “qué hueso”… No solo mira el libro o el computador –o las tarjetas que don Santiago llevaba y que todavía se usan–, busca consensos y opiniones que considera valiosos aunque las decisiones de cómo cruzar las toma él.

Van separando los animales de potrero y los que merecen cuidado especial porque pueden lucirse en la pista. Las observaciones de Carlos y de Humberto, los operarios que manejan el día a día, sobre el comportamiento de los animales, los orientan.

Salen a colación también los toros, el que transmite baja grasa o área del lomo muy alta, el que es líder de peso al destete… Además de programar los apareamientos, Juan Rueda también revisa el ganado, su condición, su adaptación.

La observación es clave, dice, “la evaluación de las vacas en primer parto marca el futuro de la ganadería”.

La selección no admite excesos. “Tener un grupo grande de exposición no funciona, un grupo limitado hace que el operario pueda dedicársele”.

Ganado “tipo Bruselas”

Hacia 1975 don Santiago comenzó el programa de inseminación, “se incluyeron más genes que nos dieron la base de la vacada actual, con buena adaptación al medio, buena descendencia… Las vacas más importantes de Bruselas tienen de abuelo, bisabuelo, tatarabuelo a JDH Richards L Manso 448/5, un toro extraordinario”, relata Juan Rueda nombrando lo suyo, el origen de muchas hembras.

Para los noventa ya había unas siete familias de vacas “que son las que más han transmitido, las que mejor se comportan, las que han producido mejores animales”, agrega el asesor. Hace unos diez años en una nacional en Neiva, recuerda, alguien comentó estar buscando ganado “tipo Bruselas, ¡el reconocimiento es todo!”

“Lo que más le interesaba a Santiago era poder vender su toro, y no que se lo devolvieran, que se adaptara a condiciones difíciles. Fue parte del éxito”. Relata el hijo que era un genio para el servicio pos venta. Hacia una llamada –‘cómo vas con el torito’– y la gente se sentía halagada, práctica que trasladó de su actividad como agente de seguros a los negocios de la ganadería.

Los ingredientes

Parte de la selección la hacen los vaqueros con sus observaciones sobre la adaptación de los animales. “La vaca tiene que criar su ternero, destetarlo bien y punto; si no lo desteta, se va, es una selección natural en un medio difícil, donde la mala pezuña, por ejemplo, es un desastre”, resume Juan Rueda.

Veamos lo que destacan. Juan Santiago Vélez recuerda que al comienzo se buscó profundidad, “mucha caja y tamaño medio, mi papá decía que necesitamos ganado de mucho arco de costilla y mucha capacidad para tolerar el llano, no entubado”.

Y rústicos, con fertilidad y habilidad materna aporta Juan Rueda, “por eso nunca trajimos el gran campeón. Nos interesaba que las vacas parieran lo más seguido posible y que levantaran bien el ternero, en estas condiciones. Al principio buscamos más que todo, eficiencia”.

Fueron cuadrando “mayor expresión de músculo en el cuarto posterior, pero el patrón es el mismo, un animal que se adapte al medio, que camine y coma lo que se produce aquí”. ¿Qué cuidan? Que no haya exceso de piel porque el prepucio se pone muy pesado.

Una cosa buena es que Santiago y Juan Santiago siempre creyeron en los toros de ellos, de manera que en las genealogías de Bruselas hay muchísimos toros de Bruselas y muy poquitos americanos, explica Juan.

Adaptación es palabra que él usa de manera recurrente. “Nada saca uno con un embriones –"es que mi ternero"–, si mi ternero lo sueltan a un potrero y se muere de hambre porque no es capaz de mantenerse. Lo más importante es la adaptación”, es enfático, “les toca comer pasto, es la única forma económicamente viable de hacer ganadería”.

Lo mismo sucede con el desplazamiento, dice. “En una pista perfecto, le arreglan las pezuñas cada quince días, lo sueltan a un potrero y el tipo no es capaz de caminar, se devuelve al broche".

Otro concepto que desgrana Juan es heterosis, “si tienes pocas líneas de sangre azul, se vuelve un lío. Aquí hay líneas de El Puente, de Hudgins, de Peñas Blancas, El Refugio, El Bombillo, Angostura…. Tratamos de mantener una heterosis grande”.

Manejo y paciencia, dos ingredientes más de la receta ganadora que permite tener éxito en las pistas y en el potrero. Paciencia para saber que un animal muestra su potencial tarde, otro más temprano; y manejo, que define que eso suceda o no. “El ganado no es de un día, es de paciencia”, sentencia el asesor y nombra purgas, vacunas, sales minerales, cura de ombligos, que el ternerito mame… “No son arandelas, son políticas de manejo que hacen que la genética se exprese y funcione”.

Las líneas maternas

“La gran diferencia de Juan, como asesor de genética, es el énfasis que hace en las líneas maternas, conoce bien las abuelas, mamás, bisabuelas... Y lo tiene muy presente en la selección, no se queda en el papá del toro”, es cualidad que resalta Juan Santiago y que se nota en el tono apasionado de Juan cuando habla de los animales, de las ganaderías y sus líneas genéticas, de los padres y las madres…

¿Qué buscan ahora? Juan indica que los animales de Bruselas “están bien” fenotípicamente, aunque ahora buscan toros que expresen más musculatura en el tren posterior. “Ahora padreamos con un toro de potrero que tiene sangres que nos gustan y se acomodó bien a la zona, lo cual incide en fertilidad, ¡es un toronón!”

Porque cada decisión es pensada para obtener toros que transmiten los caracteres mencionados, “corrigiendo sin eliminar los animales que no son perfectos”, agrega.

Comandante

¿Cómo se llega a un animal de la categoría de Comandante? “Ese animal es muy especial, hecho por Juan que buscó la mezcla de dos sangres abiertas, robustas… Así lo planeó desde que me dijo, ‘quiero un toro así y así’. El ternero sale muy bueno, pero no para exposición, crece rápido y tiene precocidad; lo seguimos cuidando porque vemos que va a ser un torazo para padrear”, recuerda Juan Santiago.

Juan agrega su parte de la historia. “Usábamos toros de talla muy media, que estaban produciendo muy bien; y pensamos, ‘tenemos que producir un toro más grande para darle un poco más de longitud y estatura al ganado’. Era el ternero de una vaca grande, pesada, que crecía y crecía, largo, le faltaba musculatura pero era bien caracterizado; todavía era muy joven pero necesitábamos un toro urgente para un verano y lo pusimos a padrear 21 vacas, preñó 19 ¡y se volvió un torote! Las crías nacían pequeñitas como venados, pero eran fuertes y crecían rápido”. Recuerdan ambos que analizaron su historia –sin consanguinidad–, de manera que servía para refrescar y, a la vez, transmitir rusticidad, habilidad materna, buenas pezuñas, “acorrala las vacas, no es solo figura”.

“Coincide el momento con que ABS quiere un toro joven de Bruselas por la tradición, los récords, el cuidado… Y estaba este con su estructura ósea poderosa, y les gustó”. Después de la colecta, Comandante volvió a Bruselas a padrear por un tiempo y ahora está trabajando en otra finca. Todavía lo usamos por inseminación artificial.

Más allá de la mística

Con metas tan claras, imposible no cuidar lo que trasciende: días abiertos, producción de carne por hectárea, relación de la ganancia del peso en vivo, con rendimiento en canal y composición genética del toro. “En Colombia nos falta recopilar mucha información y analizarla antes de multiplicar genética a gran velocidad”. Insiste Juan Santiago en la predictibilidad y menciona su toro 454: “en él todo cuadra, nuestra producción con lo que dice la prueba de progenie y con lo que dice el resultado del genoma que hizo la Asociación Cebú; coincide la realidad del potrero con la realidad de la prueba”.

Así mismo, le trabaja a lo básico: la renovación de praderas con compost, potreros con más divisiones, bebederos para que el ganado no tenga que caminar tanto, sombra, mejor rotación, silo de pasto hecho en casa y heno comprado, suplementos para las vacas de la maternidad, pastos de corte y botón dorado por aquello de la proteína… Juan Santiago produce leche orgánica en Estados Unidos y es inevitable que use algunas prácticas agrícolas naturales y menos agresivas con el ambiente.

Preñan las hembras cuando están biológicamente listas y “feria o no feria, hacemos prueba de fertilidad a los toros entre 18 y 20 meses, antes de venderlos”. Juan Santiago mira con orgullo el catálogo de las pruebas, “en los líderes del peso a los doce meses, el tercero, el noveno, el 19avo son toros de Bruselas que fueron de pista y compiten con toros de Hudgins”.

Cuidan indicadores aunque hacen concesiones de acuerdo con la genética de los animales como cuando se demora un poco en preñarse una novilla. “En ganado comercial se puede tener un corte parejo, pero no en ganado puro porque hay muchas influencias que juegan un papel importante. Cuando se busca alto nivel de selección genética por el lado materno, a veces vale la pena dejar un animal que por cualquier circunstancia parece inferior”, expresa Juan Santiago.

Relatos

Es inevitable que las historias lleguen. “Criamos un toro, el 454, y acá produjo unas vacas, no buenas, ¡fuera de serie!” Es una de las muchas historias que cuenta Juan Santiago. “Este toro, sería el ideal de la raza, siendo negativo en peso al nacimiento, es de los primeros diez en peso al destete y a los doce meses, con positivo significativo en área del lomo y negativo en grasa. Son combinaciones que lo hacen ideal”, agrega Juan Rueda.

Otro animal casi vuela a Brasil ya de propiedad de ingenieros que habían venido a Colombia a desarrollar obras de infraestructura. “Era un ternero de 18 meses que los enloqueció, pero nunca se pudo exportar ni semen, ni animal por esas cosas del ICA y devolvimos la plata”, recuerda Juan Rueda del brasileño dueño de Calciolandia.

Es claro, Comandante no es el único que se desempeña bien en el potrero, que al final es lo que importa en una ganadería. Otros toros de Bruselas sacan vacas súper profundas, o son notorios por sus hijas extraordinarias, o el que trabajó en Casanare sin descanso dejando buena descendencia…

Las satisfacciones

¿Cuál te da más satisfacciones, el ordeño en Aurora Farms o la genética de Bruselas?, le preguntó. Juan Santiago no lo duda: “La actividad grande de agro negocio que significa la producción de leche orgánica a gran escala me da muchísima satisfacción profesional, por lo que hemos logrado. La de Bruselas me da mucha más satisfacción personal, es algo más de pasión, me siento más atraído por ella y por continuar lo que hizo mi papá, y porque la viví desde chiquito”.

La historia

El año 1965 marcó el punto de partida de la Hacienda Bruselas. Cuatro socios, entre ellos Santiago Vélez, en tierras que habían sido del “gallino” Vargas y de Jorge Cárdenas Gutiérrez, tuvieron ganado con administración conjunta, hierros diferentes –para Santiago Vélez, GX3, asignado por el departamento del Meta–, y ganado comercial, algo de Red Poll y de cebú. Al poco tiempo se retiran dos socios y luego el tercero para quedar solo Santiago Vélez en 1973.

“Cuando mi papá queda solo empieza a cambiar el ganado, buscando animales muy eficientes, precoces y fértiles para el gran mercado de los llanos orientales, lo registra como ganado colombiano clasificado, hijos de toros puros que no tenían registro, y se clasificaban C1, C2, C3, hasta puro”, recuerda Juan Santiago. “Usaba, prestado, el toro del vecino, ¡se hizo a pulso!”, recuerda Juan Rueda y el hijo agrega, “mi papá usó un toro gringo con unas vaquitas comunes y corrientes, ¡y salía el ternerazo!”

“La gente le advertía, ‘allí venden novillas’ que podían ser desecho porque se habían fregado una mano pero tenían genética buena, nunca llegaron a Bruselas animales de show”, insiste Luis Fernando, otro hijo de don Santiago.

“En esa época no había ganaderías puras en la zona, los animales venían del interior, del Tolima, Valle, Santander y Huila, e influyeron muchísimo en el mejoramiento del ganado del llano”, agrega Juan Rueda.

Don Santiago engancha a Juan Rueda, recién llegado de Argentina, por su conocimiento de genealogías y apareamientos, para producir animales “muy eficaces, precoces y fértiles, quería que Bruselas fuera un semillero de genética; Juan era medio hippie, muy rolo, se burlaban de él, pero mi papá, firme con sus orientaciones”, relata Juan Santiago. Era 1978.

Juan recuerda que para la época lo llamaron Santiago Vélez y Julio Rebolledo a un restaurante, antes de viajar a Texas a mirar toros en la ganadería Hudgins. Le preguntaron, “¿qué pasa si Santiago compra tal toro?” En una servilleta Juan dibujó la genealogía del animal, dijo que podría ser buen ejemplar y los ganaderos lo consiguieron. “El bendito toro salió buenísimo”, recuerda del comienzo de esta historia de éxitos.

Si bien a Bruselas los campeonatos le dan prestigio, la mayoría de los animales va a otras fincas. Allí hay un balance entre arte y producción, el primero se expresa en las pistas, el segundo en el potrero, denotando un programa completo e integral que no se ha enfocado en obtener cintas, pues si bien alimentan el ego, ellos prefieren el cliente satisfecho que vuelve por más genética fértil y aguantadora.

Siguen buscando el animal ideal para el trópico, “poniendo más presión en la circunferencia escrotal de los toros, para tener mejor fertilidad y más presión de genética sobre la reproducción, me gustaría bajar por lo menos quince días el período entre partos en unos tres años”, dice Juan Santiago. “Lo bonito de este negocio del ganado puro, es que uno nunca queda cien por ciento satisfecho con el animal, siempre hay algo que mejorar”. Sin perder la esencia, agrega el asesor y con la fortaleza que dan operarios comprometidos desde hace varios lustros con los animales y con el plan de Bruselas.e

 
 
 

Comments


bottom of page